En nuestra vida, a veces hemos hecho, pensado o sentido cosas, que no podemos explicar, vamos como ciegos, a tientas por la vida, tratando de darle a nuestros errores y aciertos un sentido o significado. El camino que hemos recorrido marca las pautas de nuestra conducta actual, pero depende de cada quien que dichas pautas nos roben el albedrio, la conciencia. Hacemos tantas cosas sin pensar en las consecuencias de ello, que me resulta increíble vernos pararnos al final de un trayecto y preguntarnos porque las cosas han sido como fueron.
La libertad, es un regalo precioso que poseemos, y es triste ver cómo, siguiendo viejos preceptos, dejamos correr el agua como si el dejarla o no correr no afectara al río, el sentido de nuestras vidas o lo que causamos en los otros. Debiéramos reflexionar, ¿cuál es el sentido que le damos a nuestra existencia?, preguntarnos si estamos dispuestos a permitir que el obsequio que nos fue dado, se desperdicie, y pongamos las consecuencias de nuestros actos en las manos de los otros, o si queremos hacer de la efímera y maravillosa vida, un festival de sensaciones, emociones, colores, sabores, olores y sentimientos, que vamos a explotar a conciencia. Tal vez así, nuestro paso por el mundo adquiera un sentido, dejemos de ser los seres tristes y separados del ceno materno, para convertirnos en los hombres y mujeres satisfechos, que vale la pena luchar por ser.
En el principio de este camino, fuimos simples víctimas de las decisiones que otros (para bien o para mal) tomaron por nosotros, nos moldearon y modelaron (porque no es lo mismo) de acuerdo a las exigencias del ambiente, nos escogieron un lugar, un papel a desempeñar y nos dieron las herramientas que pudieron o quisieron darnos, nos lanzaron al mundo y se sentaron a esperar. Desafortunadamente, somos mayoría aquellos que fuimos lanzados sin armas suficientes, y a veces, lejos de hacer el camino más sencillo, derraman sobre ella obstáculos e impedimentos para nuestro crecimiento.
Es por esta disfuncionalidad, que me he preguntado a mi misma el porqué, ¿Porque lanzan (o lanzamos) a los que nos preceden sin armas contra el mundo? No se puede ganar la guerra sin las armas y los escudos. Tal vez sería prudente revisar nuestros esquemas educativos, las normas morales y éticas que marcan nuestra educación, los valores que consiente (o inconscientemente) son promovidos en la sociedad, y valorar fríamente si es este conjunto de cualidades o valores, no son solo lo mejor para una sociedad consumista y desmoralizada que avanza y crece desmedidamente, si no para cada hombre y mujer. Hacer de cada individuo feliz dentro de su espacio, tiempo y realidad, es el camino que, en mi opinión, se debe seguir para devolvernos algo que hemos perdido en nombre del progreso: la humanidad.
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